Hoy de mañana se murió mi abuela.
Durante años, tuve la impresión de que yo no era más que una adolescente estúpida e insensible, y recién hoy cambié esa opinión.
Una vez tuve un novio. Me dediqué a él por completo, y me llegué a olvidar parcialmente de mis amigas. Ellas no tuvieron miedo de decirme lo que pensaban al respecto y me lo dejaron bastante claro, tanto que tuve que ir a un sicólogo por 8 meses para recuperarme del golpe sicológico que me habían dado.
No culpo a mis amigas, me culpo a mí misma por ser tan débil. Tan ingenua. Tan, tan... insípida. Después de ese incidente, las cosas que pasaban a mi alrededor eran de plástico, irreales. Veía las cosas ocurriendo, pero no me afectaban ni me molestaban. Es más, ni siquiera me importaban. Empecé a odiar a la gente. Me recluí en mi cuarto, saliendo sólo para buscar comida e ir al baño. Evitaba el contacto con cualquier persona que me hiciera pensar más de lo necesario. Perdí el interés que tenía por mi vida, por mi adolescencia; viví como un zombie tanto tiempo que no pensaba que fuera a recuperarme.
Hoy de mañana se murió mi abuela.
Tenía 84 años, y estaba mejor que mis padres.
Cuando mi padre, llorando, me dijo que mi abuela estaba muerta, no caí. No lo entendí. No lograba darme cuenta si era un sueño o no.
Y me desperté muchas horas después, cuando mi prima me susurró al oído un "despedite ahora, que si no te vas a arrepentir toda tu vida" al final del velorio.
Ver un cajón en medio de un salón de mármol le pega fuerte a uno. Ver como toda tu familia llora, devastada, es una patada baja.
Pero no llorar frente a tanto dolor es la peor parte. Y después, largar todo cuando ya es muy tarde, es una agonía.
Mi madre dice que mi abuela por fin puede estar feliz. Que se reencontró con mi abuelo, que vio a una nieta casada y que llegó a verme cumplir quince años.
Mi abuela murió feliz.
Y para una mente bien preparada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario